martes, 6 de septiembre de 2022

« te acepto »

Te acepto. Mi cuerpo te reconoce. Quiere que entres. Mis dedos te piden, mis perspectivas señalan a ti. 

Te acepto. Mis pensamientos se resbalan con letras de tu nombre. Mi soledad se sacia contigo. Mis tierras se mueven a tu ritmo. 

Te acepto. Te lo permito. Te lo prometo.

lunes, 5 de septiembre de 2022

« otra galaxia »

Lo hice otra vez. He vuelto a estallar hasta una nueva constelación. Y la he memorizado. He grabado en mis retinas el contorno de todas sus formas, todos sus rincones. He salvado el motor de mi pecho contando los lunares de su espalda, astros incandescentes bajo las yemas de mis dedos. 

Brillas. Y me tienes deslumbrado.

viernes, 2 de septiembre de 2022

« sin rastro »

Únicamente consigo recordar la huida de tus talones cuando, de puntillas, te vi escapar entre las cortinas vaporosas del balcón. Créeme, he intentado no idealizar tu figura y pensar que esta piel de gallina fue fantasía. He reparado aquellos jirones de carne abierta en los que me desperté arropado. No hay dolor, no hay olor. Los sueños son vacíos y las noches un caos que sólo revelan el ‘tic-tac’ incansable del reloj.

Me despierta el roce de la brisa, que me embriaga desde la espalda hasta la cara. Y vuelve, entonces, la tortura por dibujar tu rostro en mis retinas, por construir un altar en el que, como un tesoro, te guardaría. 

Te imagino, te vas. Te imagino, te vas. Te imagino, no estás.

jueves, 1 de septiembre de 2022

« mi mano torpe »

Me toco el corazón con mi mano torpe. La derecha. Justo en la superficie donde descansaba tu cabeza, allí donde te robaba besos y jugaba enroscándote el cabello. Resbalo los dedos sobre mi abdomen hasta que caen, con ruido, en el colchón. 

En busca de tu calor, camina hacia tu lado de la cama. No estás. Nada arde. 

No sé si te has ido, si alguna vez exististe o si mi mano torpe ya no te encuentra.

miércoles, 31 de agosto de 2022

« VGR »

Con sigilo volví a mirar en tu dirección y me tropecé con tus ojos de reojo y disimulando, de nuevo, el deseo clandestino. Giraste tu cabeza hacia el horizonte y agaché la mía sonriendo de medio lado al suelo. Horas eternas sobre la arena negra nos descubrió, desde ese momento, una historia de más luz que sombras y apetito de ternura, de besos en el hombro y caricias bajo la toalla, de risas entre montañas y silencio bajo las puestas de sol. 

Cada noche me llevaba a la cama una magia serena, olor a ron y salitre entre los dedos; con memoria del tacto de tu espalda, con rincones de esperanza entre nosotros. 

Cada día despertaba con la idea de cubrir mi espacio con tu encanto, mis muslos con tus manos. 

Cada tarde esperaba el refresco de tu risa, el reflejo de tus ojos y tu mano amiga dentro del agua del mar. 

Y cada atardecer, mientras el sol se escondía, dejábamos sin tapar en la arena las huellas de un amor eterno, el rastro de un afecto inocente que rugía a gritos entre las olas.