lunes, 18 de abril de 2011

« querida ex amiga »

Ayer salí a tirar la basura y aproveché para dar un paseo y tomar aire. Cuando llegué a casa traje los tenis enfangados, la ropa empapada y nostalgia, bastante nostalgia. Al principio pensé en hacer la ruta de siempre, luego me desvié hacia un lugar al que hacía tiempo que no visitaba, la casita abandonada dónde solíamos jugar. ¿Te acuerdas? Tan sólo éramos unos renacuajos o mejor dicho, tú eras una niña malcriada y yo un niño fiel obediente a tus órdenes. Tú eras la jefa, la líder, la mayor y por eso la del mando.

Di un par de vueltas alrededor para recordar como era su forma original y descubrí que había cambiado, como nosotros. Una de sus paredes, la de la ventana, yace en el suelo,  en la que posábamos las latas de Coca-Cola para disparar piedras y tirarlas al suelo al acertar. Siempre ganabas tú. En la actualidad debe estar frecuentado por otros niños o por adolescentes no tan niños  que intentan iniciarse en el sexo. ¿Cómo cambia el tiempo, verdad? Nosotros éramos tan ingenuos y tan pequeños mentalmente. Tanto que ya no somos niños, los únicos que había en el barrio. ¡Y cómo pasa el tiempo! Tanto que ya te has ido.

La última vez que te vi fue cuando viniste a visitar a tus padres y te rogué que pasaras por mi casa. Quería que vieras lo que he construido y hablar de cómo te iba. No apareciste. Supongo que a medida que crecemos, no sólo cambia nuestro cuerpo, sino también nuestra mentalidad. Y no te culpo. No te reprocho nada, al contrario, nuestras vidas, aunque antes hermosas y ahora paralelas que tienden a jamás encontrarse, siempre estarán entrelazadas por ser quienes nos quisimos mutuamente.

De vuelta a casa pensé en escribirte esta carta, no para recibir respuesta sino para curarme dicha nostalgia.

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